El pasado 23 de noviembre asistimos a este taller ofrecido por Cheryl Erwin y la Dra. Oberst. Durante este taller, se ofrecieron diferentes conceptos y estrategias con el fin de hacer que los padres sean más conscientes de la importancia que tiene el entorno familiar y de las habilidades educativas de los padres para el desarrollo de los niños. A continuación encontrarán un breve resumen y los conceptos más importantes:

La promoción de un apego seguro da a los niños la oportunidad de ser más hábiles en la autorregulación emocional y aprender de sus experiencias. Este proceso de aprendizaje comienza a una edad muy temprana, ya que desde su nacimiento, los niños reciben información del mundo que les rodea y actúan de acuerdo a las experiencias que viven. En la primera infancia, que los padres puedan satisfacer las necesidades primarias de sus hijos (como la alimentación) promueve que los niños encuentren un entorno predecible, un entorno “seguro”. Esta seguridad, les permite identificar sus propias necesidades y la manera de encontrar consuelo. Por ejemplo, cuando los niños tienen hambre, lloran con el fin de hacer saber a sus padres que es la hora de la comida. En un mundo “seguro”, encontraran que sus padres responden a sus necesidades de manera adecuada. Sus padres conseguirán calmar y satisfacer sus demandas. Todos estos aprendizajes, marcan el inicio de la autorregulación. El conocimiento que muestren los padres hacia las necesidades de sus hijos, permitirá que puedan ofrecer una buena respuesta ante las mismas.  De esta manera, el niño también aprende qué debe hacer cuando tiene una determinada necesidad.

Con los años, este tipo de experiencias se vuelven más complejas, y puede ser necesario utilizar diferentes estrategias. A veces, los niños muestran sus necesidades de una manera adecuada, pero en otras situaciones encuentran una manera más “ruidosa”. En consecuencia, los padres pueden sentirse desorientados o impotentes hacia ciertos comportamientos infantiles. La familia puede sufrir un cambio en su dinámica, porque los niños pueden haber encontrado una manera inadecuada para satisfacer sus necesidades. Por ejemplo, el niño aprende que cuando hace una pataleta, los padres le dan lo que quiere (más tiempo para jugar, su comida favorita, etc.).

Desde el enfoque de la “Educación para la Convivencia” (EDUCON), es importante prestar atención a los sentimientos y a las sensaciones de los padres cuando tienen lugar este tipo de comportamientos. Estos sentimientos y sensaciones nos darán una gran cantidad de información acerca de la intención y de la voluntad del niño.

En este tipo de ocasiones, cuando los niños muestran un cambio en su conducta, encontramos tres grandes motivos: la necesidad de atención, la necesidad de poder, y la necesidad de venganza. Ante este tipo de situaciones, los padres inconscientemente aplican estrategias que siguen manteniendo la conducta indeseable, o que sólo la resuelven temporalmente. Por ejemplo, pueden predicar en exceso, quejarse excesivamente o hacer “amenazas” difíciles de mantener, como “¡castigado: un mes sin jugar a videojuegos!”. Es importante identificar las situaciones y los momentos en los que aparece un comportamiento no deseado y tener en cuenta las soluciones fallidas. Nuestro trabajo como profesionales es proporcionar nuevas estrategias que permitan a los padres recuperar el equilibrio familiar y darles nuevas herramientas para relacionarse con sus hijos.